Compartiendo el pan y la vida

Tenemos que meditar sobre el hecho tan terrible, que hay más de 800 millones de personas que pasan hambre en la tierra.

No es que no haya suficientes alimentos para todos, ahí no está el problema. La cuestión está en que no repartimos ni compartimos los nutrientes que la naturaleza y el trabajo del hombre hace que crezcan los frutos necesarios para repartirlos como nuestro Padre Dios quiere y nos manda con amor.

El egoísmo humano tiene que terminar mediante la reflexión, que le lleve a ser más sensible a las necesidades de millones de seres humanos que se mueren de hambre.

Jesús nos invita en su milagro de los panes y los peces a ser generosos con los que nos rodean y sabemos que están pasándolo mal.

Si compartimos el pan y nuestro tiempo vital con los tristes y desfavorecidos seremos mucho más felices que siendo poco generosos.

Una mano, algo puede hacer,

unida a otra mano puede hacer más

y millones de manos,

el mundo mejorarán.

Habrá menos hambre

si comparten el pan,

habrá menos guerra,

si siembran la paz

por medio de sonrisas

que consuelen al triste.

Con nuestras Manos Unidas,

vamos a cantar

una melodía que haga meditar,

en un Mundo Nuevo

que sólo tenga Amor

a los demás.